Tiene en sus manos querida lectora otro número de la Eskalera Caracol. Esta no es sólo una revista de sociología sino una revista de intervención sociológica; porque creemos que al producir una revista intervenimos, intentando deshacer y reconstruir nuestra realidad (llena de sociología, aulas, trabajos, activismos, amores, cuerpos, amistades, sueños, en definitiva de nosotras mismas). Más claramente, intervenimos con el pensamiento al problematizar lo dado. El pensamiento existe en tanto y en cuanto se da una situación que fuerce a pensar. Sin esta situación el pensamiento sería una facultad abstracta separada de su potencia creativa que solo se limita a opinar o reflexionar en el terreno de lo que representa. Por demás sabemos que este tipo de abstracciones solo convocan a mesas redondas y a guerras de opiniones vacías. En el transcurso de la confección de este número nos vimos forzadas a pensar dado que no encontramos en el corpus teórico que se imparte en la carrera de sociología demasiada reflexión sobre el tema que hemos decidido abordar: el cuerpo. La intervención intenta hacer nacer lo que no existe todavía, provocar una experiencia, una potencia de actuar, una decisión. No se trata entonces de imaginar algún procedimiento que nos vaya a mostrar una verdad estática, única y no cuestionable, sino que el propio acto de pensar sea una creación cuya verdad está en el encuentro con esa fuerza que nos interpela. La intervención perfora y agujerea lo establecido, intentando trazar un nuevo discurso con efectos de realidad.
En este nuevo formato de la revista encontrará escritos que buscan pensar en torno al concepto de cuerpo, sobre sus usos sociológicos y las consecuencias que llevan implícitos los mismos, y sobre todo ver que cosas nuevas se pueden pensar, hacer, decir desde-sobre-con el concepto de cuerpo.
En este proceso de rastreo y producción en torno a dicho concepto volvimos a preguntarnos sobre la sociología, sus para qué, sus como, sus categorías, y volvimos a reafirmar que la sociología tal cual se nos presenta en las aulas, en el plan de estudio, en sus abordajes académicos no termina de convencernos. Por eso es que decidimos volver a expresar nuestras reflexiones en un texto que abra no solo la revista sino también la discusión, he aquí la razón de esta editorial.
En este nuevo formato de la revista encontrará escritos que buscan pensar en torno al concepto de cuerpo, sobre sus usos sociológicos y las consecuencias que llevan implícitos los mismos, y sobre todo ver que cosas nuevas se pueden pensar, hacer, decir desde-sobre-con el concepto de cuerpo.
En este proceso de rastreo y producción en torno a dicho concepto volvimos a preguntarnos sobre la sociología, sus para qué, sus como, sus categorías, y volvimos a reafirmar que la sociología tal cual se nos presenta en las aulas, en el plan de estudio, en sus abordajes académicos no termina de convencernos. Por eso es que decidimos volver a expresar nuestras reflexiones en un texto que abra no solo la revista sino también la discusión, he aquí la razón de esta editorial.
Las ideologías no tienen fin
Se dice que la nuestra es una de las facultades mas ideologizadas de la UBA y no podemos menos que coincidir con dichas afirmaciones. La ideología se hace tangible en la verba encendida que puebla las asambleas o en la infinidad de carteles que tapizan las paredes. En este clima, incluso los colectivos estudiantiles que “solamente” se ocupan de transformar las condiciones de producción del conocimiento son tildados de desideologizados porque no portan banderas o porque carecen de caracterizaciones precisas sobre la situación nacional. No es temerario afirmar que entre Marcelote y Ramos cuando se dice política se piensa en ideologías.
Lo cierto es que desde hace un tiempo en la Facultad vienen apareciendo colectivos estudiantiles que orientan sus preocupaciones hacia la forma en que se imparte conocimiento en las aulas. Socializando parciales y resúmenes, criticando la autoridad en el aula o investigando por cuenta propia, se hace política de una manera que antes era impensable aquí. Es un modo de entender la política que apunta a modificar las relaciones de poder en la organización del conocimiento y que piensa el problema de la enseñanza de una manera diferente.
¿Puede haber una política que prescinda completamente de la crítica ideológica? No parece probable pero si parece posible una política que no coloque en su centro esta preocupación. Se han oído voces luego del Mayo Francés que criticaban la política orientada exclusivamente a lo ideológico y ponían la lupa no tanto en lo que se dice ideológicamente sino más bien en aquello que efectivamente se hace. Estos críticos dejaban al desnudo que a menudo, las ideologías izquierdistas ocultaban una organización del poder francamente represiva. El problema de la enseñanza no es un problema ideológico sino un problema de organización del poder. No es menor la transmisión de ideología que se opera en la educación pero no es lo único que allí sucede. Lo que hace el dispositivo áulico es asignar lugares en un orden desigual en la jerarquía del conocimiento. Los cuerpos son moldeados en las aulas buscando aumentar su sometimiento y esta operación se realiza sea cual sea el conocimiento que se transmita. Este aspecto no es considerado por las agrupaciones que se asientan en la denuncia de las ideologías. Lo que trae como consecuencia que no puedan percibir la contradicción andante que son aquellas cátedras izquierdistas que organizan el conocimiento de manera que afirman la diferencia entre una “cabeza parlante” teórica y un coro de ejecutantes en los prácticos. Se les escapa que en la distribución de los cuerpos en las aulas hay una organización del poder efectiva que no pasa necesariamente, por la conciencia. En definitiva, escinden sus teorías de sus prácticas ya que al afirmar objetivos revolucionarios no son suficientemente críticos con sus prácticas efectivas. Si no pusieran sus esfuerzos solo en medir ideologías, advertirían que en el nivel de la organización de los cuerpos, hay una marcada similitud entre lo que sucede en el aula y lo que sucede en el partido.
Lo cierto es que desde hace un tiempo en la Facultad vienen apareciendo colectivos estudiantiles que orientan sus preocupaciones hacia la forma en que se imparte conocimiento en las aulas. Socializando parciales y resúmenes, criticando la autoridad en el aula o investigando por cuenta propia, se hace política de una manera que antes era impensable aquí. Es un modo de entender la política que apunta a modificar las relaciones de poder en la organización del conocimiento y que piensa el problema de la enseñanza de una manera diferente.
¿Puede haber una política que prescinda completamente de la crítica ideológica? No parece probable pero si parece posible una política que no coloque en su centro esta preocupación. Se han oído voces luego del Mayo Francés que criticaban la política orientada exclusivamente a lo ideológico y ponían la lupa no tanto en lo que se dice ideológicamente sino más bien en aquello que efectivamente se hace. Estos críticos dejaban al desnudo que a menudo, las ideologías izquierdistas ocultaban una organización del poder francamente represiva. El problema de la enseñanza no es un problema ideológico sino un problema de organización del poder. No es menor la transmisión de ideología que se opera en la educación pero no es lo único que allí sucede. Lo que hace el dispositivo áulico es asignar lugares en un orden desigual en la jerarquía del conocimiento. Los cuerpos son moldeados en las aulas buscando aumentar su sometimiento y esta operación se realiza sea cual sea el conocimiento que se transmita. Este aspecto no es considerado por las agrupaciones que se asientan en la denuncia de las ideologías. Lo que trae como consecuencia que no puedan percibir la contradicción andante que son aquellas cátedras izquierdistas que organizan el conocimiento de manera que afirman la diferencia entre una “cabeza parlante” teórica y un coro de ejecutantes en los prácticos. Se les escapa que en la distribución de los cuerpos en las aulas hay una organización del poder efectiva que no pasa necesariamente, por la conciencia. En definitiva, escinden sus teorías de sus prácticas ya que al afirmar objetivos revolucionarios no son suficientemente críticos con sus prácticas efectivas. Si no pusieran sus esfuerzos solo en medir ideologías, advertirían que en el nivel de la organización de los cuerpos, hay una marcada similitud entre lo que sucede en el aula y lo que sucede en el partido.
Pensando la práctica, haciendo la teoría
Proponemos considerar a las relaciones teoría-práctica, pensamiento- acción, en un plano de inmanencia, en constante interpenetración. Todavía más: consideramos que no hay prácticas ni teorías sino en virtud de las relaciones que entre ellas se establecen. Hemos leído con simpatía que: “Toda concepción teórica no puede ser más que un eslabón en el largo proceso de realización del proyecto revolucionario, puede, debe incluso, encontrarse trastocada por el”. Dice un francés posmoderno: “Desde que la teoría profundiza en su propio campo se enfrenta con obstáculos, muros, tropiezos que hacen necesario que sea relevada por otro tipo de discurso. La práctica es un conjunto de relevos de un punto teórico a otro. Ninguna teoría puede desarrollarse sin encontrar una especie de muro y se precisa de la práctica para perforar el muro”. Nos interesa poner en juego estas dos imágenes, pensar un conjunto, una estructura, un sistema, compuesto por elementos prácticos o teóricos, por acciones, por pensamientos y por las relaciones, siempre parciales, siempre fragmentarias, que existen entre ellos. Ninguna teoría política, por abarcadora que sea, puede existir en sí, por sí y para sí. Ninguna práctica política, sin importar su magnitud, puede darse en el vacío, en forma absoluta e independiente. Las teorías y las prácticas existen unas para las otras, todo pensamiento es relativo a una acción, toda acción depende de un pensamiento. Más todavía: Es sólo a través del pensamiento que dos acciones pueden conectarse entre sí, y sólo a través de la práctica pueden relacionarse dos teorías.
Cuando afirmamos que esta no es sólo una revista de teoría sociológica sino de intervención, nos posicionamos desde esta particular concepción de la relación entre teoría y práctica. No solo criticamos la distribución pasiva de los cuerpos en la maquinaria académica, sino que producimos una revista, un grupo de estudio, una materia en forma colectiva y horizontal. En acto intentamos construir la universidad y por tanto la sociedad que deseamos.
Proponemos considerar a las relaciones teoría-práctica, pensamiento- acción, en un plano de inmanencia, en constante interpenetración. Todavía más: consideramos que no hay prácticas ni teorías sino en virtud de las relaciones que entre ellas se establecen. Hemos leído con simpatía que: “Toda concepción teórica no puede ser más que un eslabón en el largo proceso de realización del proyecto revolucionario, puede, debe incluso, encontrarse trastocada por el”. Dice un francés posmoderno: “Desde que la teoría profundiza en su propio campo se enfrenta con obstáculos, muros, tropiezos que hacen necesario que sea relevada por otro tipo de discurso. La práctica es un conjunto de relevos de un punto teórico a otro. Ninguna teoría puede desarrollarse sin encontrar una especie de muro y se precisa de la práctica para perforar el muro”. Nos interesa poner en juego estas dos imágenes, pensar un conjunto, una estructura, un sistema, compuesto por elementos prácticos o teóricos, por acciones, por pensamientos y por las relaciones, siempre parciales, siempre fragmentarias, que existen entre ellos. Ninguna teoría política, por abarcadora que sea, puede existir en sí, por sí y para sí. Ninguna práctica política, sin importar su magnitud, puede darse en el vacío, en forma absoluta e independiente. Las teorías y las prácticas existen unas para las otras, todo pensamiento es relativo a una acción, toda acción depende de un pensamiento. Más todavía: Es sólo a través del pensamiento que dos acciones pueden conectarse entre sí, y sólo a través de la práctica pueden relacionarse dos teorías.
Cuando afirmamos que esta no es sólo una revista de teoría sociológica sino de intervención, nos posicionamos desde esta particular concepción de la relación entre teoría y práctica. No solo criticamos la distribución pasiva de los cuerpos en la maquinaria académica, sino que producimos una revista, un grupo de estudio, una materia en forma colectiva y horizontal. En acto intentamos construir la universidad y por tanto la sociedad que deseamos.
¿Y qué construimos en este número en particular?
A pesar del cambio de formato, la organización en pisos sigue organizando la eskalera. En el primer piso, podrán encontrar la producción de textos colectivos referidos a la temática de este número: el cuerpo. En el primer escalón leerán las formas de entender el cuerpo por parte de los clásicos de la sociología – Durkheim, Weber y Marx-; en el segundo piso los fenomenólogos – Schtuz y Goffman- y en el tercer escalón los estructuralistas y posestructuralistas – Bourdieu, Foucault y Deleuze. Antes de pasar al descanso podrán leer las reflexiones caracolas sobre el recorrido que hemos compartido con ustedes en el primer piso.
En el segundo piso, encontrarán textos individuales a propósito de vivencias con nuestros cuerpos, para luego inaugurar una nueva sección llamada sala de ensayo, donde compañeras abocadas a lo artístico comparten con nosotras las resonancias de su hacer. Para terminar, llegamos a la terraza, donde leerán algunas lecturas sobre el ALAS, una traducción de una experiencia del país del norte y documentos varios que dicen mucho de lo que somos /hacemos.
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En el segundo piso, encontrarán textos individuales a propósito de vivencias con nuestros cuerpos, para luego inaugurar una nueva sección llamada sala de ensayo, donde compañeras abocadas a lo artístico comparten con nosotras las resonancias de su hacer. Para terminar, llegamos a la terraza, donde leerán algunas lecturas sobre el ALAS, una traducción de una experiencia del país del norte y documentos varios que dicen mucho de lo que somos /hacemos.
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